La cultura del Trending Topic

Decía Voltaire que “El secreto de aburrir a la gente consiste en decirlo todo.”

Resulta que hoy se cumple un año desde que las 200 niñas nigerianas fueran secuestradas por Boko Haram. He podido leer el titular mientras hacía el típico scroll en Facebook sentado en el váter “Un año del masivo secuestro de Boko Haram: ¿Dónde están las niñas de la escuela de Nigeria?”. De esto me han sorprendido dos cosas: 1) que ya haga un año de esto. 2) que me haya importado una mierda.

La siguiente publicación debajo del artículo de las niñas (el cual no he abierto, como el 90% de artículos que veo por Facebook y Twitter), era una imagen de Mr. Wonderful que había colgado una amiga: “Quiero un perfume que huela a cafécontigo por la mañana”. Bueno, no decía eso, no recuerdo qué decía, pero podría perfectamente ser esta frase chorra que acabo de inventarme. El caso es que, cuando he leído el mensaje bonito y colorido de Mr. Wonderful, he pensado en dos cosas: 1) ¿Por qué no es Mrs. Wonderful? 2) Mi mente se ha colapsado con la dualidad de “niñas muertas” y “la vida es genial, aprovéchala”.

Y ahí es cuando ha cobrado importancia la noticia de lasniñasnegrasdemuylejos, pero no por ellas, sino por mí. ¿Qué me pasa, por qué no puedo sentir nada? ¿Por qué soy incapaz de empatizar con ellas, con el sufrimiento de sus familias, con la violencia de su entorno? ¿Por qué no me produce sufrimiento?

Me pasa constantemente, me descubro a mí mismo forzándome a sentir algo con algunas noticias o acontecimientos. Evidentemente, no soy un ser indolente, ni mucho menos. Me considero un tipo muy sensible, y cualquier persona que me conozca sabrá decirlo, porque me habrá visto llorar con la historia de amor de la peli Up, de Pixar, o no poder seguir viendo un vídeo de un caballo que se ahoga en un lago, o haber llenado pozos de lágrimas porque mi ex me haya dejado, o emocionarme hasta el ridículo porque unos patitos siguen a su mamá y uno se queda rezagado… y un etcétera emocional que no hace falta extender más.

Pero muchas veces me encuentro frente al ordenador leyendo los muertos de aquí y de allá mientras pongo un poco más de azúcar a mi té y, haciendo un potente ejercicio de autoanálisis, me doy cuenta de que me importa una puta mierda. No me afecta. En los quince primeros minutos de cada día, mientras miro Facebook, Twitter, Mail y Whatsapp sin levantarme de la cama, mi contador de muertos ya va por 200, y éste se mezcla con el “vive este día como si fuera el último” de Mr. Wonderful, el “reunión a las 16h” de mi jefe y el “esta noche fiestoco, tenéis que venir sí o sí” de mi colega Jero. Un rato después, cuando respondo a un desconocido en el Apalabrados mientras cago, me doy cuenta de que los 200 muertos podrían o no haber existido, porque no van a afectar a mi día en absoluto. Y me da igual si son 50 españoles los que iban en el vuelo, o si eran estudiantes los otros 150, o si otra vez más nos han subido la luz. Eso sí, mi botón de “compartir” echa humo, y en mis tuits acompaño estos enlaces con un “terrible noticia” o un “qué desgracia” o un “esto es inaceptable”.

En los trending topics puedo leer que hoy juega el Madrid contra el Atlético, que se ha puesto en marcha una campaña para devolver el recibo de la luz, que han muerto 400 personas tratando de llegar a Italia, que uno de los Gemeliers (el guapo) se ha torcido el tobillo. Y entonces me pregunto cuáles serán los trending topics de mañana, quién más jugará el partido de su vida, dónde caerá el atentado esta vez, a cuántos cientos desahuciarán, cuántos ríos ha comprado hoy la petrolera Tal o cuántos bosques ha deforestado la empresa Cual. Ahí me doy cuenta de una cosa: creo que ya no siento nada porque no soy capaz de asumir todo, tanto, de empatizar con todo, con tanto. Porque los trending topics de hoy son el olvido de los de ayer.

Puede que leamos 100 titulares por día, veamos 100 fotos de amigos y escribamos 100 mensajes de whatsapp, por día, todos los días. Y es por esto que cada vez me cuesta más sentirme afectado por las cosas, es por eso que cada vez me cuesta más leer algo en profundidad, se me hacen interminables los textos y no los comprendo, es por eso que ya no presto tanta atención a las conversaciones con mi entorno.

La cultura del trending topic es titularista, es negrita y 72, es clara, concisa y mordaz. La cultura del trending topic te permite hablar en el bar de todos los temas de actualidad (“¿has visto que ha muerto Eduardo Galeano? Ya, qué fuerte, tía, estoy triste porque a mí El Alquimista me encantó”) sin haber invertido prácticamente nada de tiempo en informarte.

Le pongo 5 estrellas a quien sepa hablarme sobre qué fue de la revolución en Egipto, de cómo sigue la guerra en Ucrania, de las consecuencias en las marcas de ropa responsables del derrumbe de la fábrica de Bangladesh (o si recuerda si quiera qué marcas eran), de cómo están las cosas en Islandia después de castigar a sus banqueros y políticos, de “al final al maquinista del Alvia lo metieron en la cárcel, ¿no?”, o de “no, los de Germanwings fueron 160, los de Spanair fueron 90 o 100”, de si llegaron las indemnizaciones a la gente de Lorca, de si los polos se derriten al 30 o al 20% anual “bueno, da igual, tío, el caso es que es una barbaridad, ¿sabes?, nos estamos cargando el planeta, tronco”. Y así…

Así me doy cuenta de que el significado de “aburrimiento” en la frase de Voltaire es mucho más amplio que el del diccionario. Se refiere a la pérdida de interés por sobreexcitación, sobredesgracias, sobreinformación, sobrerresponsabilidad, sobreimpotencia, sobreintoxicación, sobreverdades y sobrementiras.

Y, como diría Forges: “no te olvides de Haití”.

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